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 EL ABRAZO DE LA SERPIENTE:

Una invitación

a aprender a escuchar

 

 

Comentarios de Mariano Fernández, Comunicador y Analista Junguiano, en un CineTaller organizado en el Centro de Estudios Junguianos de Caracas, el sábado 26 de noviembre de 2016

 

 

 Se trata de una película, que se desarrolla en la Amazonía: la selva tropical más extensa del planeta. 6 millones de kilómetros cuadrados repartidos en 9 países, en su , mayoría entre Brasil y Perú, a los que se suman Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana, Guayana Francesa y Surinam. Una de las regiones de mayor diversidad en especies: un 20% de la aves, 50% de las maderas, e incontables plantas alucinógenas y medicinales. Es la cuenca del Amazonas, Y el Amazonas es el río más caudaloso del mundo, y probable que también en más largo. De hecho, tiene más agua que el Nilo, el Yangtsé y el Missisipi, juntos. Uno de sus principales tributariós es el río Vaupés: (en portugués: rio Uaupés), que en sus más de mil kilómetros, cruza de oeste a este territorio brasileño, confluye en el Río Negro y se inserta en el Amazonas. El río Vaupés es un largo río amazónico, uno de los principales afluentes del río Negro, a su vez el afluente más caudaloso del río Amazonas. Discurre por Colombia, por los departamentos de Guaviare y Vaupés, y por Brasil.

 

   

 

Segmento del Amazonas, contiene más agua que el Nilo, el Yangtsé y el Missisipi,juntos.

   En la Amazonia serpenteante como la Anaconda.


Nos luce que el principal protagonista del filme, más que Karamakate, Manduca y los expedicionarios blancos, es el río. No necesariamente el Amazonas. El río Vaupés, un viaje y un sueño. Una serpenteante corriente de agua. que como una anaconda busca abrazarlo todo. Muerde la tierra, nutre la selva y la abraza entre sus volutas líquidas. Un río que durante todo el curso de la película suena, y resuena como un estimulante fondo musical, armónico y rítmico. Un río que si lo escuchas, te dice cuándo remar. En tal asociación recordemos también, que el nombre primigenio del Orinoco era Uyapar o Uyapari: serpiente enroscada. Una anaconda, nos anuncia el filme en su comienzo. Y cuando hablamos de anaconda, nos referimos a la serpiente de mayor envergadura que existe sobre la tierra. Un ofidio del género Eunectes, que corresponde a serpientes no venenosas, todas constrictoras, pertenecientes a la familia de las boas. La anaconda comprende una especie extinta y cuatro vivientes, la mayoría con un tamaño de dos a diez metros de longitud, aunque se documentan ejemplares hasta de 12 metros (ver: Abdén Ramón Lancini:
Serpientes de Venezuela: Ediciones de Ernesto Armitano, 1979). Además tiene un grosor considerable. En algún momento de la película, se dice que un cometa al tocar tierra se convirtió en anaconda.

 

 

Cabeza de Anaconda sumergida.

 

 

Un ofidio enorme, entre pardo oscuro, negro y reflejos verdosos, que los indios llaman madre del agua. Un animal de cabeza de mastín y ojos de araña, pequeños y de mirada estrábica, hipnótica, posesiva y sin emoción. Un animal que parece estar hecho de lodo en movimiento. Que se esconde y mimetiza en el pantano. Que en la astringencia de arcilla en verano, se refugia en bolsones húmedos excavados en el barro, en los que se esconde en sopor, y duerme en latencia y encubación, mientras pasa el estío, para luego emerger con las lluvias, y mostrarse reluciente en toda su magnitud. De fauces amenazantes y colmillos en gancho vueltos hacia adentro,atenaza a su víctima por la cabeza, mientras se enrosca en la presa con un abrazo mortal. Una serpiente depredadora que como con el río y con el jaguar, hay que pactar. Y una de las maneras de lograrlo es convirtiendo al agua, a la serpiente, a la selva y al jaguar, en un sueño resiliente, en un sueño de sobrevivencia y adaptación, inducido por los alcaloides de plantas que esa misma vegetación produce. Lianas, hojas, flores, raíces y cenizas que procesadas se convierten en la oferta de un acicate de búsqueda, en una ilusión, en una panacea, en un grial de clorofila y celulosa. En la persecución de un sueño que nos regrese a la materia originaria. Que nos vuelva al vientre receptor del matriarcado milenario que pare y devora a sus hijos. Al vaho indiferenciado que nos lleva en orgasmo a perder la conciencia y a no sentir miedo. Los Makís, no nacieron de la anaconda, dicen en la película. Con criterio selectivo excluyente, son menos que los humanos.

 

Y ello ocurre, de la mano de un chamán, de un piache, hechicero, brujo, curandero, piayé para los guaraníes, o moján para nosotros. Un sabio indígena conocedor de los designios del ilimitado habitat vegetal abrazado por una anaconda líquida; de río, de agua en movimiento que le marca los confines. Un chamán, individuo a quien se le atribuye la capacidad de modificar la realidad o su percepción, de un modo que no responde a una lógica causal. Al tiempo que ello se expresa en su facultad de curar, de comunicarse con los espíritus y de presentar habilidades visionarias adivinatorias. Un personaje que actúa como psicopompo: es decir, que no sólo acompaña a las almas al más allá, sino que también las conduce hacia una comprensión de la vida y a un renacimiento espiritual.

 El chamán viaja en estados alterados de conciencia a otros mundos o realidades, apoyado en figuras auxiliares, que ayudan en los tránsitos por dimensiones particulares o de meandros límbicos que atrapan como vacíos durante las jornadas.

 

 

En esta hermosa película dirigida por el cineasta colombiano Ciro Guerra, ganadora del Premio Art Cinema en la sección Quincena de Realizadores del Festival de Cine de Cannes 2015 ,nominada también como mejor pelicula de habla no inglesa en la edición 88 de los Premios de la Academia, un chamán, repito, Karamakate, socio por su naturaleza del río anaconda, se nos presenta como el último sobreviviente de un pueblo en el que un día fungió como poderoso maestro. Decepcionado y pesimista, vive en aislamiento voluntario en lo profundo de la selva, separado de la voraz codicia blanca o mestiza, que amenaza su mundo, en busca del latex del caucho y del balatá. De la quina, medicamento febrífugo, tónico, antiséptico y anti malaria. De la sarrapia, de cuyas semillas se extrae la aromatizante cumarina y se confeccionan talismanes de collares y brazaletes, comunes entre los indígenas. Guardianes de los secretos, entre otros, de la yakruna (ayahuasca), misteriosa planta, capaz de enseñar a soñar.  ¡Menuda hazaña!...

 

 

Karamakate vive solo. Solo, hasta la aparición súbita y en dos momentos históricos de la primera mitad del siglo XX, de dos personajes caucásicos, en sendas epifanías que cambian la vida del sabio indígena y de los mismos exploradores: el alemán Theodor Koch-Grünberg y el estadounidendense Richard Evans Schultes. Uno, anciano, casi en agonía, que emerge que en curiara cuando Karamakate está en su plenitud física; el otro, cuando el chamán ha envejecido. Ambos investigadores etnólogos y botánicos, diferentes en estirpe a los empecinados colonos o a los obsesivos frailes que implantan fe e idioma a punta de latigazos.

 

 Karamakate joven frente al río.Los dos personajes claves de la película

 

En ese proceso, pasado presente y futuro se confunden. Como ocurre con los sueños, mientras en el viaje atemporal, el hombre blanco de pierde y el chamán recupera sus recuerdos y sus conocimientos ancestrales, y deja atrás el cuenco vacío en que se había convertido a raíz de la fuga de su espíritu. Pero afirma: tendré que enseñarte a escuchar… Aprender a escuchar, una difícil facultad, mientras se mantienen apegos por objetos, por esposas en quién sabe que parte del mundo, por mapas y tocadiscos; cámaras y fotografías que roban la forma, el alma y la esencia.

 

El Abrazo de la Serpiente es la historia del nacimiento de un nuevo mundo, a través del encuentro de dos mundos. En palabras de los realizadores, la esencia de la película es la diversidad cultural. Es una integración promovida por ese encuentro. Así, el aborigen halla su respuesta para seguir existiendo, en un ámbito que ya no es suyo, y afianza su propósito, gracias a una percepción descriptible; no lineal, más bien en espiral o en un desarrollo multiforme en que todo tiene alma y conocimiento: las piedras, las plantas, el viento, los insectos y las aves. Ello amalgamado por el tiempo y cadencia que marca la selva.

 

 

Disolución voluntaria del hombre caucásico.

 

Y una y otra vez, se nos presentan preguntas e interrogantes: ¿Por qué los blancos se preocupan tanto por sus cosas?... Y se responde el científico: en aquel infierno, sus cosas son el único vínculo con Alemania. Y reconoce su locura, su delirio y sus compulsión a continuar en la curiara, en el río y en la selva.

 Recordemos lo que en un momento dice Manduca, el personaje auxiliar, bisagra entre el blanco y el indio, con las espalda cuajada en azotes y el corazón libre: Este es el sitio donde la anaconda bajó de la Vía Láctea, trayendo a nuestros antepasados.Descendemos de la anaconda y del río. Con ellos viajamos detrás de los sueños…

 

 

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Sin el alma, no hay forma de salir de este tiempo" C.G.Jung