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La Vigencia de Gallegos

  Gonzalo Himiob Almandoz


 

A mi padre Nelson Himiob, Miembro de la Generación del 28,

Amigo y alumno de Gallegos,

Y a mi hijo, Gonzalo Himiob Santomé,

luchador real.

Puente de soja.

 

      Hace un par de semanas recibí un correo electrónico donde se decía que se incinerarían unos seis mil libros, entre ellos las obras de Rómulo Gallegos. Aparte de lo absurdo de la noticia y mi convicción de que esta forma parte del terrorismo de Estado desplegado por fuerzas sombrías interesadas en proscribir el pensamiento crítico o, simplemente, el pensamiento; me pregunté ¿Por qué Gallegos? ¿Qué tiene este maestro y novelista que pudiera amenazar al actual régimen? En este artículo quiero hacer algunas reflexiones al respecto. 

 Desde hace algunos años he estado estudiando la obra de Gallegos, al principio como analista Junguiano[1] interesado en la emergencia de los arquetipos[2] en las diferentes culturas especialmente en América Latina en general y en Venezuela, en particular. Me impresionó la profundidad del conocimiento psíquico del maestro. Por entonces estaba trabajando en las propuestas de Jung sobre las formas de evolución del alma, él decía que esta podía tomar tres veredas: La dilución en el Self[3], la Estructuración Regresiva de la Persona[4], o la Individuación[5].

  Rómulo Gallegos, maestro siempre, escribe sobre estas condiciones alertando al venezolano sobre sus posibilidades evolutivas. En “Doña Bárbara” los personajes danzan entre las alternativas junguianas: Barbarita es violada, trasgredida, humillada por lo masculino incontinente, machista y en desmesura. No es gratuito que ello ocurra en un río, lo que trae a la memoria en mito de Narciso, su concepción y nacimiento, así como la profecía de Tiresias cuando dice: “Él será feliz mientras no se contemple a sí mismo” Igual “La Doña” lo será hasta que se observa en su horror y desgracia.

Lorenzo Barquero, hombre civilizado, educado, regresa al llano para ser devorado por el tremedal, diluido y poseso por el Self, representado en la naturaleza primitiva, salvaje. El mismo tema lo veremos en “Canaima” cuando a Marcos Vargas se adentra en la selva y dicen los vecinos “Se lo devoró Canaima”; en otra obra, Florentino Coronado, “Cantaclaro” se perderá en la llanura. El singular Conde Garófalo, noble italiano extraviado en la Amazonía, le dice a Marcos Vargas que el problema es el “chinchorro”. “Enchinchorrase” es dejarse ir en la desidia, y más si esto es acompañado con Ron. El alcohol, para Gallegos juega papel preponderante en el fenómeno de dilución en el Self del cual hablamos. Es la maldición de Barquero, de Garófalo y otros personajes de su obra. En el aguardiente se queman, en el agua-fuego de su propia esencia, las fuerzas creativas de la psique. Decía una queridísima amiga hoy ausente, siguiendo quizás esta línea: “Si Marx hubiera nacido en el trópico no hubiera escrito El Capital”.

  En la ópera prima “Reinaldo Solar”, éste caraqueño rico, aristócrata inteligente y culto, hombre todo promesas, se pierde en los laberintos de lo posible y termina por matarse sin una labor realizada, se refugia en su prepotencia y no es capaz de superar sus prejuicios, se anquilosa en sus estructuras y no produce tan siquiera un hijo propio, es una vida estéril, toda posibilidades, sin resultado alguno. Es la estructuración regresiva de la persona, es el hombre poseído por su fatuidad, son los pobres vergonzantes, los señores de apellido y poca voluntad, seres que viven de recuerdos y glorias ajenas. A quienes encontramos en ciudades y pueblos de la América Latina, herencia del orgullo hispano, retratado por Machado al describir al caballero español; por El Greco en “El Caballero de la Mano en el Pecho” y por Pedro Emilio Coll en “El Diente Roto”. Son estructuraciones universales y por tanto humanas, desarrolladas ante la incapacidad de asumir nuestros fracasos.

 En “La Trepadora” Gallegos nos presenta a Adelaida Salcedo, posesa por su educación e incapaz de prevenirse contra la emergencia de Hilario Guanipa, representación de su esencia fundamental. Así Gallegos nos acerca a la Reestructuración Regresiva de la Persona, evolución neurótica del ser que le resta creatividad, responsabilidad y riqueza erótica. En este estado el individuo no reconoce al otro, tal como lo hacen Hilario Guanipa, Carmen Rosa, el Dr. Payara, Angela Rosa, y Don Alirio Querrequerre, en otras formas de regresión en “La Trepadora”, ”Reinaldo Solar”, “Cantaclaro” y “El Forastero” respectivamente.

  Como única forma válida para la evolución adecuada del alma nos resta la Individuación, esta es: “Ser lo que Somos, en integración responsable, erótica, critica, autónoma y creativa con el entorno y la alteridad”. Esta posibilidad nos la dibuja Gallegos en Santos Luzardo, Marisela, Victoria  Guanipa, Mariano Urquiza y sus alumnos revolucionarios -alegoría de él mismo y la generación del 28- y en Antonio Menéndez, en “Doña Bárbara”, “La Trepadora”, “El Forastero” y “Reinaldo Solar” respectivamente. 

Sin embargo, toda reflexión sobre la psicología arquetipal o personal debe tener un correlato en lo colectivo cultural y aquello que especulamos en la oscuridad del consultorio o la biblioteca debe ser confirmado por la vida y la cotidianidad. Gallegos, siempre docente, hace de su obra texto, lección y enseñanza. Él previene y muestra caminos. Es en la cultura —no sólo en la de los libros— dónde el ser puede diferenciarse sin divorcio y, en integración reflexiva, establecer el diálogo primordial, creativo y crítico, con lo esencial de su naturaleza individual, única y múltiple. Es la lucha contra la barbarie, son las luces. Será en la diferenciación del yo, del Self y en la generación del eje conectivo entre ambos, donde crecerá la dialéctica entre los opuestos de lo uno y lo múltiple, el individuo y el colectivo, la conciencia y la inconciencia; y se desarrollará la obra civilizador.

 En este estado de cosas ¿qué tiene ‘El Maestro’ que decir ? Voy a referirme para ejemplificar mi tesis a una de las obras menos conocidas de Don Rómulo Gallegos: “El Forastero”. Ella nos retrata un momento histórico que creíamos pasado pero que trágicamente -por lo inevitable, real y doloroso- se hace presente.

 

La novela escrita en 1920 y publicada en 1941 nos habla de un pueblo de Venezuela, posiblemente en la región de Falcón-Lara, en el que un caudillo, Hermenegildo Guaviare, autodenominado general, se ha alzado en armas. Para el reloj de la iglesia disparándole y desvía el río, viola a una prima a punto de ser desposada, mata a su novio y al maestro del pueblo, con lo cual instaura una dictadura y detiene simbólicamente el tiempo, el desarrollo y la cultura. El pueblo se enquista, y las pocas personas pensantes y honestas se alejan de cualquier quehacer político o crítico. Con la llegada de un forastero, presumiblemente ruso y progresista se va a generar un resurgimiento del pensamiento, posteriormente arribarán el nieto del maestro asesinado por Guaviare y una institutriz. Ellos instituirán nuevas enseñanzas, y los jóvenes irán despertando. 

         Guaviare ha designado como autoridad a un subalterno suyo: Parmenión Manuel. Éste ha ido tejiendo poco a poco su poder haciéndose cada vez más fuerte, hasta el punto de retar al caudillo. En medio de ambos surge la figura repulsiva, afeminada y rastrera del Dr. Basilio Daza -“Basilisco” lo apodan los vecinos- generador de enredos, chismes y conflictos entre ambos para beneficio propio. Mientras se tejen estas intrigas los jóvenes del pueblo han despertado y uno de los vecinos, Anterito Valdés, ha puesto en marcha el reloj, simbolizando el renacer del pueblo. Los estudiantes se han hecho apresar para establecer sus principios libertarios con el apoyo de toda la población, y hasta una huelga general de los comerciantes ha ocasionado el cierre de todos los negocios, ésta fracasará sin embargo por las manipulaciones del oscuro Dr. Daza.

 Al final ambos caudillos se enfrentarán a tiros, muriendo Guaviare y quedando mortalmente herido Parmenión.

 La novela no deja claro el porvenir, sólo plantea la situación. Sin embargo el retornar del tiempo simbolizado por el reloj que vuelve a funcionar, el regreso de la cultura de la mano de Mariano Urquiza y de Marta Elena, la muerte e invalidación de los caudillos, así como el despertar de la juventud necesitada de libertad constelizan la esperanza.

        Si bien la novela es alegórica de las luchas de los años de la dictadura de Cipriano Castro y posterior derrocamiento por su subalterno y compadre Juan Vicente Gómez, y de las luchas de la Generación del 28, sus contenidos parecen ser retrato de la situación actual. Venezuela parece detenida en el tiempo, se quiere que volvamos a formas de vida y sociedad que han demostrado su inadecuación, los “Dres. Basiliscos” enarbolan sus oscuras manipulaciones para dividir las partes en juego con el único interés de su propio beneficio. No es de extrañar que sea un médico entrenado en picarescas quien este oficio ejerce. Estas mentes enanas son capaces de grandes daños cuando deberían ser los llamados a generar conciencia y luces.

        Hay en la novela una metáfora que alerta, tanto a gobernantes como a opositores. Es la trinitaria enredadera subiéndose lenta pero inexorable sobre el matapalo hasta cubrirlo, Parmenión Manuel la interpreta como él minando el poder de Guaviare para imponerse y derrocarlo. ¡La imagen no tiene despedicio!.

Tampoco lo tiene, para los momentos actuales, la de Filomena Rompecabezas, la bella joven simbolizante de la valerosa mujer venezolana, que sin miedo y sin vergüenza enfrenta a Parmenión en su despacho:

         -“Muy bien, generalote —le dijo— es usted muy guapo, muy valiente. Ha sacado su primera campaña con unos muchachos”

        Parmenión le pregunta el nombre de su padre y ella le dice que murió, él le contesta

        -“Que en tu casa no hay hombres, ya debí comprenderlo”

        -“Pero trate de meterse en ella para que vea que no sale vivo”— le contesta Filomena.

        -“Basta niña, basta”— le dice Parmenión

         -“Pues no basta –reposta Filomena- ¡qué todavía no te he redicho todo lo que te mereces,          generalote!”

        “Y estaba linda aquella tarde Filomena Rompecabezas” remata Gallegos.

       Para concluir:

1.     Después de leer a Gallegos lo siento más actual que nunca, sus predicciones si bien fueron inspiradas en su época tienen hoy una vigencia extraordinaria.

2.     Como dice mi amigo y colega David Malavé [6], Gallegos debió ser un hombre de extraordinaria cultura que conoció en profundidad las obras de Freud. Y yo le añado, las de Jung.

3.     Rómulo Gallegos fue un maestro, un docente y un visionario que conoció, estudió y previno las consecuencias de la falta de civilización en los pueblos latino-americanos.

4.     Fue sociólogo, antropólogo, político y profundo conocedor del alma venezolana en sus luces y en sus sombras, sabía de nuestras debilidades y nuestras fortalezas.

5.     Prescribió la educación y el desarrollo como única forma de prevención contra la barbarie  o el colonialismo.

6.     Su breve paso por la presidencia de la República demostró que su tiempo no era el de entonces. Posiblemente sea ahora cuando estemos preparándonos para la emergencia de un Maestro y no de un caudillo.

 

 

¡Rescatemos sus enseñanzas!

 

 

 [1] Carl G. Jung. Discípulo de Sigmund Freud crea la Escuela de la Psicología Analítica (Suiza, 1875 - 1961) La Cual Amplia la obra de Maestro Austríaco

[2] Arquetipo: modelo universal de conducta, aprehensión y vivencia

[3] Auto: Totalidad de la psique (periferia y centro) desde la cual, Siendo en el inicio indiferenciada y colectiva, se genera la Capacidad reflexiva en la emergencia del ego, origen de la civilización y el desarrollo individual. La dilución del implicaciones psicosis, es decir, locura.

[4] Persona, que nos CUBRE papel para poder interactuar en sociedad, es el traje que vestimos,

cuando nos Posee se transforma en coraza regresiva que nos encarcela y neurotiza.

[5] Individuación: proceso ideal del desarrollo que nos lleva A Ser lo que somos en Relación

Erótica, creativa, responsable y crítica con el entorno y la alteridad.

[6] David Malavé, Médico., Psiquiatra, Psicoanalista Freudiano de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

                       

 Marzo 2009

Gonzalo Himiob

         * Médico Psiquiatra, Analista Junguiano

AVPA. IAAP.

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Sin el alma, no hay forma de salir de este tiempo" C.G.Jung